domingo, 15 de septiembre de 2013

OCTUBRE: MES TEMÁTICO DEL TERROR


Xula, desde su blog Caminando entre libros, nos invita a participar en una iniciativa de lo más original, pues aparte de leer libros de terror, también se podrán realizar diferentes actividades. Yo acabo de enterarme, pero no he dudado en apuntarme porque además me servirá para otros retos.



Para que os hagáis una idea, estas son sus sugerencias:

Literatura: grandes clásicos como Poe o Lovecraft sirven perfectamente como lectura de terror.

Manualidades: No se mucho de esto, pero quizás algo de tipo decoración para una fiesta, cajitas con sorpresas o joyería macabra…

Cocina: recetas típicas de esas fechas, galletas decoradas con motivos de Halloween,…

Aunque todavía está a la espera de patrocinadores, habrá un premio muy simpático: una calabaza llena de caramelos. 

Las Bases de Participación son muy sencillas, pero mejor que las consultes en este enlace.

martes, 10 de septiembre de 2013

LA TRISTEZA DEL SAMURÁI, de Víctor del Árbol


DATOS TÉCNICOS:


Título: LA TRISTEZA DEL SAMURÁI
Autor: Víctor del Árbol
Editorial: Alrevés
ISBN: 978-84-15098-19-5
Páginas: 416
Presentación: Rústica con solapas




Conocí a Víctor de Árbol por su novela Respirar por la herida, la cual me pareció fascinante hasta el punto de convertir al autor en ese momento y con sólo ese libro en uno de los pocos a los que seguir muy de cerca. Pero claro, a la espera de una nueva novela, ¿por qué no leer la anterior, de la que ya había leído unas cuantas reseñas en las que se hablaba de ella en los mismos términos que yo lo hacía? No suelo hacerlo, lo reconozco. En ocasiones me da pereza, en otras un cierto recelo, dado que a un autor en sus primeras novelas se le presume una evolución y a mi, en particular, no me gusta ir hacia atrás. Pero llegó la oportunidad de la mejor de las maneras posibles: el pasado mes de mayo asistí a la presentación de Respirar por la herida en la Librería La Central de Callao, donde el autor iba a dar una charla-coloquio sobre su último trabajo mediante una exposición amable y distendida. No voy a negar lo mucho que disfruté, ya que me permitió conocer más a fondo su método de trabajo, establecer paralelismos entre la trama de la novela y el cine y, por supuesto, al autor.



EL AUTOR:

De la web oficial de Víctor del Árbol, he recabado la siguiente información:

Víctor del Árbol, nacido en Barcelona en 1968, fue funcionario de la Generalitat desde 1992 hasta 2012. Cursó estudios en Historia en la Universitat de Barcelona, colaboró dos años como locutor y colaborador en el programa radiofónico de realidad social «Catalunya sense barreres» (Radio Estel, ONCE).

Como escritor fue finalista del VIII Premio Fernando Lara en 2003 con El abismo de los sueños (no publicada) y ganó el Premio Tiflos de Novela en 2006 con El peso de los muertos.

En 2011 publicó La tristeza del samurái (Editorial Alrevés), que ha sido un éxito nacional e internacional. Traducida a una decena de idiomas y best seller en Francia, cuenta con el reconocimiento de la crítica y de numerosos premios. Entre ellos, Le Prix du polar Européen 2012 a la mejor novela negra europea que otorga la prestigiosa publicación francesa Le Point en el festival de Novela Negra de Lyon, galardón que obtuvieron, en anteriores ediciones, Philip Kerr y Arnaldur Indridason, entre otros.




ARGUMENTO:
El asesinato de Isabel Mola, en Mérida en 1941, marca el punto de partida de esta encarnizada historia donde el abuso del poder y la culpa son los ingredientes necesarios para un caldo que se cuece a lo largo de cuatro décadas.

Allí viven los Mola, Isabel, Guillermo y sus dos hijos. No son precisamente un matrimonio bien avenido, pues ella tiene un amante y a su vez conspira contra el franquismo. Él, Jefe de Falange provincial, con un afán de poder que no tiene medida, ha sido capaz de fingir un atentado contra sí mismo y endosárselo a su esposa. Vive rodeado de esbirros, entre los que destaca Publio, un hombre que hace, deshace y compra voluntades a precio de saldo; a fin de cuentas, ellos son los ganadores de una guerra que todavía no ha dicho su última palabra y nadie quiere volver a pasar por lo mismo, bastante tienen con recomponer un mundo fragmentado donde las tropelías y los abusos están a la orden del día.

Por eso, cuando el cadáver de Isabel aparece en una cantera, nadie se plantea gran cosa. Eso si, se abre una investigación y el tutor de su hijo pequeño es juzgado y condenado a pena de muerte. Después Guillermo será ascendido y trasladado a Barcelona; su hijo mayor, tras un encontronazo con él será enviado a Rusia, con la División Azul y el pequeño ingresado en un psiquiátrico.

Cuarenta años después, en la Barcelona previa al intento fallido de Golpe de Estado perpetrado por algunos mandos militares y un grupo de guardias civiles encabezados por Antonio Tejero, María Bengoechea iniciará una investigación en la que tendrá que aclarar los sucesos ocurridos en Mérida, sin saber hasta qué punto su familia estuvo implicada en los hechos acaecidos. Y es que su conciencia no pudo resistirse a la idea planteada por su ex marido y su superior en el CESID al sentirse en deuda con César Alcalá, un policía al que cinco años antes llevó a la cárcel al atender la defensa de un confidente que sufrió torturas por su parte, dejándole a un paso de la muerte.




IMPRESIONES:

Dicen que en el amor y en la guerra todo vale, pero siempre queda un perdedor. Y creemos que por amor se puede hacer todo y de todo, desde lo más intrépido a lo más despreciable, pero no es lo normal ni siquiera lo necesario, porque si el amor necesita de semejantes sacrificios, seguro que no lo es tanto. Sin embargo, por odio, el ser humano tiene una especial capacidad para dejarse el resto, pues pierde el norte sin pararse a meditar que quizás sea el sentimiento más improductivo y yermo que se puede albergar, ya que no genera nada y sólo engendra más odio.

Pues bien, esta novela trata de eso y de mucho más. El odio, junto con la culpa, está presente en casi todas sus páginas y es capaz de emponzoñarlo todo. Y es que la historia, con sus vaivenes en forma de saltos en el tiempo, se desarrolla a lo largo de cuatro décadas: desde que en 1941, en plena postguerra, fuese asesinada Isabel Mola, hasta que en 1981 se consigue cerrar el círculo como consecuencia de la investigación llevada a cabo por María Bengoechea, una abogada que años antes consiguió que un juez declarase culpable a un policía acusado de torturar a un confidente y que aún cumpliendo con su deber, en su fuero interno sabía que no se hizo justicia con él.

Pero antes que nada, voy a daros una idea muy general de cómo son los personajes que se dan cita en esta novela:

Isabel: Esposa de Guillermo Mola y madre de Fernando y Andrés. Mantiene una relación extramarital en el momento en que se produce su asesinato, sin saber que precisamente el hombre del que está enamorada es un esbirro de su marido y será él, precisamente, su verdugo.  Es la piedra angular sobre la que se asienta la trama de la novela.

Guillermo Mola: Esposo de Isabel y padre por tanto de Fernando y Andrés. En 1941 era el Jefe de Falange en Badajoz. Para granjearse el favor de las altas instancias del Estado finge un atentado que le posibilitará un ascenso y su traslado a Barcelona. Es él quien decide, sin reservas, la ejecución de su esposa.

Fernando Mola: Hijo de Isabel y Guillermo, es el primogénito de los hermanos. Tras la muerte de su madre tiene la osadía de enfrentarse a la tiranía de su padre en un momento puntual y éste no duda en hacer que lo destinen a Rusia, donde luchará en la División Azul. Allí conocerá a Pedro Recasens, testigo de la muerte de su madre y perjuro en el juicio contra Marcelo Alcalá.

Andrés Mola: El menor de los hijos de Isabel y Guillermo. Cuando asesinan a su madre, apenas cuenta con diez años y una discapacidad psíquica de la que se desentiende su progenitor una vez muerta la esposa, encerrando al niño en un psiquiátrico.

Marcelo Alcalá: profesor del pequeño de los Mola, Andrés, es viudo y tiene un niño de la misma edad al que educa: César. Está enamorado platónicamente de Isabel y le imputarán su asesinato a pesar de no haberlo cometido, por el que será juzgado y condenado a pena de muerte.

César Alcalá: Hijo de Marcelo y padre de Marta. Inspector de Policía al que María Bengoechea consigue encarcelar, por torturar a Jesús Ramoneda, un confidente de la policía que le ofrece datos sobre su hija secuestrada, aunque sin decirle en lugar en el que se encuentra.

Marta Alcalá: Hija de César, es secuestrada siendo una adolescente para expiar las culpas que no cometió su abuelo. Durante los años que dura su cautiverio, es vejada y violada sin descanso.

María Bengoechea: Abogada y protagonista de la novela. En mayo de 1981, cuando termina la investigación que lleva a cabo para esclarecer el secuestro de la hija de César Alcalá y el origen del mismo, tiene treinta y cinco años. Es hija de Gabriel Bengoechea.

Gabriel Bengoechea: Padre de María, en la actualidad es viudo como consecuencia del suicidio de su esposa. Durante su juventud vivió en Mérida y trabajó como forjador para los Mola; de hecho, él fue el artífice que confeccionó “la tristeza del samurái”, la katana que regalan al pequeño Andrés.

Aunque hay una protagonista clara en la novela, María Bengoechea y otra en la sombra, Isabel Mola, el resto de protagonistas tienen un peso muy específico y todos tienen algo que aportar a la trama. Y dado que no quería extenderme, me he dejado en el tintero unos cuantos secundarios que merecen estar entre los protagonistas, como Publio, Pedro Recasens o Lorenzo (marido de María) que, como los anteriores, están perfectamente definidos.

Los escenarios están perfectamente descritos, pues otra de las habilidades del autor es la de comportarse como un excelente paisajista, capaz de transmitirnos su técnica a la hora de plasmar en el lienzo no sólo los lugares en los que transcurren las diferentes tramas con todo lujo de detalles y con una envidiable perspectiva, sino que nos permite captar la atmósfera que se vive en cada situación. La acción se sitúa principalmente entre Mérida y Barcelona, pero a veces se desplaza, bien a San Lorenzo –una pequeña aldea barcelonesa, donde vive el padre de María- o Sant Feliú de Guixols, donde la abogada tiene una casa en la playa.

Con una construcción arriesgada, por la alternancia de personajes y situaciones que en ella se dan cita, no ha dejado de deslumbrarme la manera en que el autor consigue mantener la llama del suspense, sin que decaiga en ningún momento. A su estilo impecable y su fuerza narrativa hay que añadirle un lenguaje elegante, sutil y, sin embargo, cercano. Aunque ya os comenté anteriormente la indudable solvencia de Víctor del Árbol a la hora de describir paisajes, su punto fuerte son las descripciones de los personajes. Pocos autores conozco que sean capaces de hacer semejante disección de la psique humana y mostrarnos un elenco tan variado en cuanto a comportamientos y personalidades. Ayudan a este pormenorizado análisis del alma humana los diálogos, que con una cierta pátina de aparente naturalidad nos invitan a descubrir el indudable talento del autor, capaz de ponerse en la piel de cada uno de ellos.

La tristeza del samurái es una historia intensa, enrevesada e impresionante en la que las tres máximas imprescindibles para que una novela triunfe se dan la mano: un estilo elegante e intachable, una trama incontenible y unos personajes atractivos e indelebles. Además, se presta a más de una reflexión, ya que lleva implícitos unos ingredientes irrefutables: la culpa, ambición, sed de poder, venganza, etc. Etc.


ENLACES DE INTERÉS:

Web oficial de Víctor del Árbol

Facebook de Víctor del Árbol

Twitter de Víctor del Árbol


Booktrailer de la novela:





CONCLUSIONES:
Leer La tristeza del samurái es como tirarse al abismo y, una vez que te lanzas, no saber cuando volverás a hacer pie. Hay que prepararse para lo que nos espera, ya que el trayecto está henchido de complicadas cabriolas que te deslumbrarán por la capacidad del autor para hilar historias paralelas que se van alimentando entre ellas. Eso si, el resultado, cuando todo se aclara, te dejará un poso de conmiseración indeleble por un lado y la satisfacción de haber participado como testigo mudo de una historia tan triste como espectacular por otro.